Algunas heridas permanecen con nosotros toda la vida. El rechazo, la culpa, el dolor por una pérdida, el abuso y las relaciones rotas pueden afectar la manera en que nos vemos a nosotros mismos, a los demás y a Dios. No tienes que llevar esas cargas en soledad.
Los Embajadores de la Llama de la Misericordia te invitan a dejar por un momento las exigencias de la vida diaria y presentar tu vida ante Jesucristo. Mediante la oración, las enseñanzas basadas en la Sagrada Escritura y la reflexión, nuestros retiros de sanación te ofrecen la oportunidad de experimentar el amor del Padre, recibir la misericordia sanadora de su Hijo y abrir tu corazón al EspÃritu Santo.

Un camino hacia la sanación y el perdón
Nuestros retiros ayudan a los participantes a reflexionar sobre sus vidas a la luz de la Palabra de Dios. Enseñamos maneras prácticas de aplicar la Sagrada Escritura a las situaciones cotidianas, optar por el perdón y reconocer la dignidad que Dios ha dado a cada persona.
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La sanación es un camino. Al abrir tu corazón a la misericordia de Cristo, puedes comenzar a afrontar las experiencias dolorosas con esperanza, crecer en libertad y poner su amor en acción en tus relaciones.
Arraigados en la fe, centrados en Cristo
En el corazón de nuestra misión están el amor y la misericordia de la SantÃsima Trinidad: el amor de Dios Padre, la sanación que nos ofrece Jesucristo, el Hijo, y el poder transformador del EspÃritu Santo. Buscamos ayudar a las personas y a las familias a crecer en la fe, la reconciliación y la santidad.
Da el siguiente paso
Trae tus heridas a Cristo. Descubre su misericordia.
Explora nuestros próximos retiros de sanación y encuentra el que responda a lo que estás viviendo hoy.
Retiros de sanación


¿Es un retiro de sanación para ti?
Tal vez un retiro sea para ti si:
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Te cuesta perdonar a alguien que te ha herido.
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Cargas con culpa, vergüenza o recuerdos dolorosos.
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Te sientes rechazado o dudas de tu propio valor.
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Anhelas sanar tus relaciones familiares.
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Deseas acercarte más a Cristo, pero sientes que las experiencias del pasado te lo impiden.
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No necesitas tenerlo todo resuelto antes de venir. Comienza por presentarle a Dios tu corazón tal como está.